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Archive for 16 noviembre 2008

SederEl arrepentimiento y la obediencia abren la puerta de nuestro corazón para que Jesús entre, y cene con nosotros.

Apocalipsis 3

  19 Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. 

  20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

No se que tu le dirías a Dios de esto, pero yo le dije: “Señor, sería un gran honor cenar contigo, pero ¿Que es cenar contigo?, ¿Que comeríamos?”  Y me llevó al capítulo cuatro de Juan, vesículo 34:

Juan 4

  34 Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.

La comida de Jesús, lo que a Él lo llena es hacer la voluntad del Padre. Jesús quiere cenar con nosotros, quiere que junto a Él nos saciemos haciendo la voluntad del Padre. Pero para que podamos hacer su voluntad necesitamos primero que Él entre y habite en nosotros, porque es su presencia la que nos transformará y nos enseñará a poner en práctica sus obras.

Romanos 14

 17 porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

La Biblia nos habla de un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos (los que cobraban impuestos).  Este, había escuchado de Jesús pero nunca había tenido un encuentro personal con Él. Cuando Jesús pasaba por Jericó, Zaqueo quería verlo, pero no podía a causa de la multitud, pues era de pequeña estatura. Por lo que para ver a Jesús se subió a un árbol (Lucas 19:1-7). Cuando Jesús lo vio en el árbol le dijo: “Zaqueo desciende, hoy es necesario que pose yo en tu casa,”  y Zaqueo lo recibió gozoso y le respondió diciendo:

Lucas 19

  8 …He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.

  9 Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.

  10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Siento que Dios nos dice como le dijo a Zaqueo: “hoy es necesario que pose yo en tu casa”  Dios está tocando la puerta de nuestro corazón cuando a través de su Palabra nos enseña que necesitamos que su Espíritu Santo habite en nosotros.  

Jesús entró en casa de Zaqueo porque este le abrió la puerta. Después de recibir a Jesús, Zaqueo no quedó igual porque su presencia lo transformó. Jesús convirtió de Zaqueo que era solamente un acreedor, en un dador. 

Lucas 6

  38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.

En el versículo 17 de Lucas 22 podemos ver que cuando Jesús cenó con sus discípulos y tomo la copa les dijo “repartidlo.”  También vemos como en el versículo 19 Jesús tomó el pan y “lo partió y les dio” diciendo: “haced esto.” ¿Que les estaba diciendo que hicieran? Les estaba diciendo que imitaran lo que Él acababa de hacer; que partieran el pan, y que lo dieran a otros. Cenar con Jesús no tiene que ver tanto, con recibir; como con dar, servir y compartir.

Lucas 22

  17 Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros;

  18 porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.

   19 Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.

Cuando Zaqueo recibe a Jesús; Jesús entra en él y cena con él. Jesús le dió a Zaqueo de comer de si mismo: Zaqueo probó la vida, gustó el gozo y saboreó la salvación. Tan saciado estaba Zaqueo con lo que Jesús le dio de comer, que repartió la mitad de sus bienes a los pobres, y a todo aquel que había defraudado, le devolvió cuatro veces más. 

Pueda ser que como Zaqueo haz escuchado de Jesús, pero ahora quieres conocerle personalmente; ó que como yo, quieres saber que sería cenar con Él. Dice la Palabra que Él está a la puerta, y que si le abres, Él cenará contigo y te saciará para puedas compartir con muchos, como lo hizo Zaqueo y como lo hicieron los discipulos. 

Juan 6

  26 Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.

  27 Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.

  28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?

  29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.

En estos versículos podemos ver que los discípulos sabían que cuando Jesús hablaba de “la comida que permanece,” estaba hablando de “las obras de Dios.”  Mas adelante, Jesús les explica que la obra de Dios es que creamos en el que Él envió. Por esta razón Jesús quiere entrar en ti y cenar contigo, para que le conozcas y entonces puedas creer en Él. Porque no podemos creer en quien no conocemos, y si no le conocemos ¿Como practicaremos sus obras?

Juan 6

  54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

  55 Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

  56 El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.

  57 Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.

Es un verdadero honor ser invitado por Jesús a hacer la voluntad del Padre. La Parábola de la gran cena nos enseña que el afán de este mundo podría distraernos de manera que dejemos de atender a está invitación.

Lucas 14

  15 Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios.

  16 Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos.

  17 Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado.

  18 Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses.

  19 Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses.

  20 Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.

  21 Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos.

  22 Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar.

  23 Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.

  24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena

No pases desapercibida su invitación, tómate el tiempo para cenar con Él. La promesa que Jesús nos hizo es que Él nos daría de comer de si mismo; de su vida, de su amor, de su paz, de su gozo, de su fe, de su fortaleza, de su seguridad y de sus obras.  Y que ese pan que no puede ser adquirido ni con oro, ni con plata saciaría nuestro ser para siempre. 

Juan 6

  35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

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