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Archive for 29 julio 2008

Deuteronomio 15

   11 Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra.

Seamos abundantes en todo tiempo, ya que siempre hay algo que compartir con aquel que está más necesitado que nosotros.  No digas que no tienes que dar ni que cuando tengas suficiente repartirás.  Recuerda que la verdadera prosperidad llegó a la casa de la viuda cuando en obediencia a Dios, hizo a Elías un pedazo de pan con la última ración de aceite y de harina.  Fue por la abundancia de su corazón que Dios la bendijo y que la harina y el aceite fueron multiplicados y no escasearon.  

1 Reyes 17

    15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días.

    16 Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.

Cuando Dios le pide a la viuda que sustente al profeta Elías, ella estaba pasando por un tiempo de escasez.  Es más, era lo último que comerían antes de dejarse morir.  Lo que nos dice que no solo debemos compartir en tiempo de abundancia.  Cuando Dios le pide a la viuda que abra su mano y que deje ir lo último, es porque quiere traer la verdadera prosperidad a su casa.  Siempre que Dios nos pide algo es porque nos quiere bendecir. 

Tomemos en cuenta que no es tan difícil dar lo primero como dar lo último. 

Marcos 12

    41 Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho.

    42 Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante.

    43 Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca;

    44 porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.

Por ello dice la palabra: “sobre poco haz sido fiel, sobre mucho te pondré” (Mateo 25:21).  Dios nos prueba en lo poco porque si podemos ser abundantes en lo poco, sin duda alguna, lo seremos en lo mucho.  Lo que Dios mide para bendecirte es la capacidad de tu corazón.  Entre más das, más grande es, y mayor será la bendición que recibirás.  Pues no puedes llenar con un litro de amor un corazón que solo tiene la capacidad o el lugar para una onza de este.

Lucas 6

  38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.

De la misma forma que un corazón cerrado no puede recibir amor, una mano cerrada no recibirá la provisión material que Dios le quiere dar.  Pienso que Dios nos pide las primicias, porque el quiere mantener nuestro corazón y nuestras manos abiertas para que recibamos constantemente la provición que viene de él.  La prosperidad no se mide entonces por lo que tienes guardado, sino por la capacidad que tienes para dar.  

Proverbios 11

 24 Hay quienes reparten, y les es añadido más;
    Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza.

 25 El alma generosa será prosperada;
    Y el que saciare, él también será saciado.
 

Confía en él y entrégale lo que te pide aunque lo que tengas sea poco.  Ya verás que así como en Lucas 9 Jesús bendijo cinco panes y dos pescados y los multiplicó y comieron cinco mil personas y aun sobró, él multiplicará lo poco que le des, y con ello te alimentará a ti y a los miles. 

Cuando compartimos en obediencia a Dios no lo estamos regalando, se lo estamos prestando a Dios y él nos lo devolverá multiplicado.  Como devolvió el harina y el aceite a la viuda y a Abraham el hijo que este estuvo dispuesto a entregarle más toda una descendencia, haciendolo así padre de multitudes.

Proverbios 19

 17 A Jehová presta el que da al pobre,
    Y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.

Toma en cuenta que cada vez que le ayudas a un pobre estás ayudando al mismo Jesús. 

Mateo 25

    34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

    35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis;

    36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.

    37 Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?

    38 ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?

    39 ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?

    40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.

Cuando ayudamos al pobre, honramos a nuestro Padre Celestial (Proverbios 14:31). Dios no se queda con nada, si le honras el te honrará con:

Vida

Salmos 41

   1 Bienaventurado el que piensa en el pobre; En el día malo lo librará Jehová.

   2 Jehová lo guardará, y le dará vida;
    Será bienaventurado en la tierra,
    Y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos.

Salud

Isaías 58

    10 y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía.

    11 Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan.

y Prosperidad 

Proverbios 28

 27 El que da al pobre no tendrá pobreza;...

Reina Valera 1960

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La Biblia es un manual sobre como plantar un jardín. Nos da las medidas para ese jardín, nos da los métodos a emplear, nos especifica que tipo de semilla debemos usar y hasta nos habla de las estaciones y el tiempo en que debemos hacerlo. La Biblia nos indica como sembrar un jardín que produce frutos del cual podemos cosechar nuestro sustento y hasta alimentar a otros mientras siembran el suyo propio. Ese jardín se llama Edén.

Génesis 1

    28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, …

Cuando Dios les da la orden de que fructifiquen Dios estaba poniendo en marcha su plan para bendecir a toda la humanidad. El había puesto en ellos la capacidad de hacer en otros lo que él había hecho en ellos durante los siete días de la creación. Adán y Eva tenían la capacidad de poder multiplicarse y llevar con su testimonio el Edén a todas partes. 

Génesis 1

    11 Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.

    12 Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno.

Cuando Dios creó las plantas y los árboles especificó que debían ser plantas y árboles que diesen fruto y cuyo fruto tuviese semilla. Los árboles y las plantas se reproducen en ciclos. Se siembra la semilla, brota una pequeña planta, esta crece, da fruto y de su fruto obtenemos nuevamente una semilla para poder volver a sembrar. En el día quinto Dios puso sobre la tierra todo tipo de buena planta y de buen árbol que daba semilla. Dios llenó a Adán y a Eva de cualidades que ellos debían propagar por el mundo entero con el fin de expandir los límites del Edén. Todo lo que Dios puso en ellos producía frutos y en aquellos frutos había semilla. La expansión del Edén debía ser un proceso sumamente natural. Era una expansión por testimonio. Cuando una cualidad en nosotros da fruto alguien tendrá la bendición de alimentarse de el. Y como dicen por allí: “Barriga llena, corazón contento.”, al haber nosotros saciado el hambre o la necesidad de otra persona por consecuencia la persona tendrá gozo en su corazón lo que ocasionará una apertura única para que la semilla del fruto que comió se siembre en su corazón y así se multiplique aquella cualidad. 

Satanás es un astuto imitador que se adueñó de este método sencillo de multiplicar el reino de los cielos y lo ha estado usando para su propio gobierno corrupto. Cuando la serpiente tentó a Eva, no la tentó con el fruto de un árbol, sino que la tentó con el fruto de su desobediencia en el cielo el cual Dios había representado con el fruto del árbol prohibido. Cuando Eva mordió aquella fruta probó por primera vez la desobediencia que fue la respuesta de la serpiente al hambre que Eva tenía de ser como Dios. Sería muy difícil para alguien tentarnos con comida si estamos llenos y saciados, pero le es fácil si nos encuentra vacíos y con hambre. 

Santiago 1

    14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.

Es probable que Satanás esperó a que un día Eva no se saciará de todo lo bueno que Dios les había entregado, y la sorprendió estando vacía. Eva atendió aquella nueva voz, la voz de la astucia, porque los frutos de aquel jardín dejaron de ser suficientes para ella, un día ella quiso mas. Y antes de que ella pudiera hablar con su creador y pedirle un nuevo acercamiento o confesarle como se sentía, Satanás interceptó aquella insatisfacción con su fruto de desobediencia. Adán estaba pasando por lo mismo. El pudo haber corregido a su mujer y haber dado fruto de obediencia pero el también tenía hambre de algo nuevo y tampoco lo buscó en su creador sino que participó en la multiplicación de la desobediencia probando el mismo fruto. 

La Biblia está llena de los frutos de Jesús desde su principio, hasta su fin, y debemos saciarnos con ellos. Cada vez que sus palabras llegan a nuestros oídos estamos siendo expuestos a la posibilidad de que obtengamos la semilla que está sembrada en su propio corazón. Cuando leemos, en ocasiones encontramos que hay versículos que son dulces como la miel, y en otras algunos que son amargos al paladar. Si le encontramos sabor a sus palabras es porque estas son el fruto de sus labios, y si las memorizamos y estudiamos las estamos masticando, si llegamos a tragarnos sus palabras ten por seguro que la semilla de ese fruto se sembrará en nuestro corazón y así se multiplicará. Cada vez que damos fruto a través de nuestra conducta estamos permitiendo que otros coman de los frutos que hay en la Biblia y así provocamos que otros corazones se abran a la semilla que Jesús sembró en nosotros. Satanás alimentó a muchos con el fruto de su desobediencia pero Jesús nos a libertado con la cosecha de su perfecta obediencia. 

1 Corintios 15

    36 … lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes.

Cada vez que tu obedeces estás muriendo a algo en ti y aquello está siendo vivificado para que puedas dar fruto en esa área. Como semillas que somos si no morimos no damos frutos, no damos indicio de vida y no podemos saciar a otros ni multiplicarnos. Cuando Eva fue tentada ella tuvo ante si la opción de obedecer y morir a si misma para dar fruto de obediencia y vida o aferrarse a su yo y dar fruto de desobediencia y muerte. Todos nos hemos encontrado en esa posición y todos hemos fallado al igual que Eva y hemos dado fruto de muerte mas de una vez. Cuando Jesús fue sepultado, fue sepultado en un jardín lo que no es ninguna casualidad. Dios estaba sembrando la primera semilla dentro del Edén para así poder restaurarlo. Dios le dio a su Hijo el mismo libre albedrío que a nosotros ya que sería así que el fruto de su semilla vendría a ser el antídoto a la desobediencia que Satanás nos ha dado a probar. Jesús, al igual que Dios lo había hecho con Adán y Eva, les dio la orden a sus discípulos de ir y multiplicarse y de llenar el mundo ya que si no lo hacían el territorio que Jesús había conquistado y convertido en jardín se vería rodeado de maleza la cual sería una constantemente amenaza. Al igual que una semilla que ha germinado está en constante cambio y crecimiento así debe ser el Edén en nosotros. Debemos expandirlo en toda dirección y multiplicarlo en todos los que nos rodean. Lo que Dios hace en nosotros debe estar en constante crecimiento y debemos multiplicarlo.

Eclesiastés 11

4 El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará.

Dice la palabra que al que busca el reino de Dios y su justicia todas las cosas les serán añadidas. Los discípulos dedicaron sus vida a buscar el reino de Dios y nunca les hizo falta nada. ¿Por qué? Porque sembraron no en las tierras del mundo sino en las tierras del Edén, en las mismas tierras donde fue sembrado el cuerpo de Jesús. Eclesiastés nos dice que si observamos el viento no sembraremos. El viento viene y va y los que están a la deriva en el mundo y dependen de lo que el viento traiga no invierten tiempo en sembrar en las cosas de Dios. Dice que el que mira las nubes no segará porque muchos esperan a ver para creer y luego actuar. Muchos esperan a poder ver que habrá lluvia para luego sembrar, pero en el reino de Dios si tu siembras puedes estar seguro de que Dios regará y obtendrás tu cosecha de ciento por uno. 

Quiero hacer énfasis en una cosecha espiritual y personal mas que en una terrenal. En muchas ocasiones he sentido vacíos y necesidades dentro de mi como probablemente los sintió Eva en aquel día en el que fue tentada. Mi primera reacción ha sido buscar en alguien o algo aquello que anhelo o que me hace falta, pero ha sido allí donde he dado lugar a que el enemigo me ponga a prueba y me ofrezca una variedad de sus frutos de desobediencia. Casi que ha error y prueba he aprendido a no buscar en ningún otro lugar mas que en Dios quien nunca me ha dejado necesitada. En cada ocasión él me ha provisto de la respuesta a mis inquietudes y lo ha hecho a manera de frutos y semillas. Cuando he necesitado amor él se ha encargado de traer a mi vida a alguien quien lleva fruto de amor, y al yo alimentarme de aquel fruto he recibido la semilla del amor y ahora puedo compartir ese mismo fruto con otros. Cuando he necesitado ser guiada nunca me ha dejado sin alguien que lleve los frutos de su sabiduría en su corazón. Y ha sido el testimonio de aquellos enviados a mi vida lo que ha logrado que mi corazón reciba la semilla de Dios. Estas personas han multiplicado todo lo bueno que Dios les ha dado para comer y han expandido el Edén a una persona mas, a una familia mas, a un vecindario mas. Así como a Adán y a Eva todo les fue dado así te será dado a ti también si lo pides. Eso si, no pidas un jardín ya con frutos, Dios te alimentará del jardín de otros mientras tu aprendes a cultivar el tuyo. Si Dios se encargó de que tu tuvieras el tiempo para leer este estudio es porque él te está trabajando para poder ponerte por administrador del Edén y quiere que aprendas a sembrar para que tu cosecha nunca escasee y puedas hacerlo crecer.

No tienes que aparecer en televisión para alcanzar el reino de Dios, basta con darle a probar a tus hijos y a tu esposo o a quien esté cerca de ti los frutos de lo que Dios ha hecho en ti para comenzar a sembrar tu propio jardín. Recuerda que si vives viendo a las nubes esperando haber que te trae la vida no estás sembrando y si no estás sembrando no podrás saciar tus necesidades con una cosecha. Si quieres obediencia de tus hijos, dales a probar tu obediencia dándoles testimonio todos los días siendo tu un hijo fiel de tu Padre para que luego puedas sembrar la semilla de ese fruto. Si quieres un ambiente de trabajo agradable, dales palabras agradables todos los días a los que contigo trabajan y así sus corazones estarán dispuestos a escuchar mas de lo que tu les puedes enseñar y en ellos sembrar. Si tu no das primero el fruto no tendrás semillas que sembrar. 

El jardín del Edén como todo jardín debe ser sembrado, trabajado y cuidado. Con la Biblia como guía tu puedes convertir todo lo que te rodea en un hermoso jardín. Tu puedes escoger la variedad de frutos en los que te quieres deleitar. Comienza a ser jardín tu para que otros coman y luego con tu semilla se multiplique en ellos.    

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