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SederEl arrepentimiento y la obediencia abren la puerta de nuestro corazón para que Jesús entre, y cene con nosotros.

Apocalipsis 3

  19 Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. 

  20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

No se que tu le dirías a Dios de esto, pero yo le dije: “Señor, sería un gran honor cenar contigo, pero ¿Que es cenar contigo?, ¿Que comeríamos?”  Y me llevó al capítulo cuatro de Juan, vesículo 34:

Juan 4

  34 Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.

La comida de Jesús, lo que a Él lo llena es hacer la voluntad del Padre. Jesús quiere cenar con nosotros, quiere que junto a Él nos saciemos haciendo la voluntad del Padre. Pero para que podamos hacer su voluntad necesitamos primero que Él entre y habite en nosotros, porque es su presencia la que nos transformará y nos enseñará a poner en práctica sus obras.

Romanos 14

 17 porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

La Biblia nos habla de un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos (los que cobraban impuestos).  Este, había escuchado de Jesús pero nunca había tenido un encuentro personal con Él. Cuando Jesús pasaba por Jericó, Zaqueo quería verlo, pero no podía a causa de la multitud, pues era de pequeña estatura. Por lo que para ver a Jesús se subió a un árbol (Lucas 19:1-7). Cuando Jesús lo vio en el árbol le dijo: “Zaqueo desciende, hoy es necesario que pose yo en tu casa,”  y Zaqueo lo recibió gozoso y le respondió diciendo:

Lucas 19

  8 …He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.

  9 Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.

  10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Siento que Dios nos dice como le dijo a Zaqueo: “hoy es necesario que pose yo en tu casa”  Dios está tocando la puerta de nuestro corazón cuando a través de su Palabra nos enseña que necesitamos que su Espíritu Santo habite en nosotros.  

Jesús entró en casa de Zaqueo porque este le abrió la puerta. Después de recibir a Jesús, Zaqueo no quedó igual porque su presencia lo transformó. Jesús convirtió de Zaqueo que era solamente un acreedor, en un dador. 

Lucas 6

  38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.

En el versículo 17 de Lucas 22 podemos ver que cuando Jesús cenó con sus discípulos y tomo la copa les dijo “repartidlo.”  También vemos como en el versículo 19 Jesús tomó el pan y “lo partió y les dio” diciendo: “haced esto.” ¿Que les estaba diciendo que hicieran? Les estaba diciendo que imitaran lo que Él acababa de hacer; que partieran el pan, y que lo dieran a otros. Cenar con Jesús no tiene que ver tanto, con recibir; como con dar, servir y compartir.

Lucas 22

  17 Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros;

  18 porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.

   19 Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.

Cuando Zaqueo recibe a Jesús; Jesús entra en él y cena con él. Jesús le dió a Zaqueo de comer de si mismo: Zaqueo probó la vida, gustó el gozo y saboreó la salvación. Tan saciado estaba Zaqueo con lo que Jesús le dio de comer, que repartió la mitad de sus bienes a los pobres, y a todo aquel que había defraudado, le devolvió cuatro veces más. 

Pueda ser que como Zaqueo haz escuchado de Jesús, pero ahora quieres conocerle personalmente; ó que como yo, quieres saber que sería cenar con Él. Dice la Palabra que Él está a la puerta, y que si le abres, Él cenará contigo y te saciará para puedas compartir con muchos, como lo hizo Zaqueo y como lo hicieron los discipulos. 

Juan 6

  26 Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.

  27 Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.

  28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?

  29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.

En estos versículos podemos ver que los discípulos sabían que cuando Jesús hablaba de “la comida que permanece,” estaba hablando de “las obras de Dios.”  Mas adelante, Jesús les explica que la obra de Dios es que creamos en el que Él envió. Por esta razón Jesús quiere entrar en ti y cenar contigo, para que le conozcas y entonces puedas creer en Él. Porque no podemos creer en quien no conocemos, y si no le conocemos ¿Como practicaremos sus obras?

Juan 6

  54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

  55 Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

  56 El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.

  57 Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.

Es un verdadero honor ser invitado por Jesús a hacer la voluntad del Padre. La Parábola de la gran cena nos enseña que el afán de este mundo podría distraernos de manera que dejemos de atender a está invitación.

Lucas 14

  15 Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios.

  16 Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos.

  17 Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado.

  18 Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses.

  19 Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses.

  20 Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.

  21 Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos.

  22 Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar.

  23 Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.

  24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena

No pases desapercibida su invitación, tómate el tiempo para cenar con Él. La promesa que Jesús nos hizo es que Él nos daría de comer de si mismo; de su vida, de su amor, de su paz, de su gozo, de su fe, de su fortaleza, de su seguridad y de sus obras.  Y que ese pan que no puede ser adquirido ni con oro, ni con plata saciaría nuestro ser para siempre. 

Juan 6

  35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

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AmphorasLa palabra nos habla de traer las ofrendas a Jehová en utensilios limpios.

Isaías 66

  20 Y traerán a todos vuestros hermanos de entre todas las naciones, por ofrenda a Jehová, en caballos, en carros, en literas, en mulos y en camellos, a mi santo monte de Jerusalén, dice Jehová, al modo que los hijos de Israel traen la ofrenda en utensilios limpios a la casa de Jehová.

Jesús reprendió a los escribas y a los fariseos porque no traían sus ofrendas en utensilios limpios. Sus corazones estaban sucios, al punto de que Jesús les comparó con tumbas emblanquecidas. Los escribas y fariseos hacían el bien para ser vistos por los hombres y diezmaban; pero no practicaban la justicia, la misericordia y la fe (leer Mateo 23). 

Mateo 23

  25 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. 

  26 ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio.

Jesús nos enseña que antes de traer nuestras ofrendas a Dios, debemos primero examinar nuestro corazón y buscar si este alberga amargura, resentimiento o falta de perdón.

Mateo 5

  23 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti,

  24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.

Para que seamos ese utensilio limpio que le honra debemos primero pasar por un proceso de purificación. La palabra es clara cuando nos dice que las obras no nos limpian, es Dios el que nos limpia para que hagamos buenas obras. 

Efesios 2

  8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

  9 no por obras, para que nadie se gloríe.

 10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Una vez limpios, nuestras ofrendas y nuestras obras le honrarán. La ofrenda de Cristo a su Padre fue presentarse ante Él sin mancha. Jesús no trajo ante Dios una ofrenda, Jesús trajo la mejor ofrenda; un corazón sometido a su voluntad, y limpio de toda iniquidad.  

Hebreos 9

  14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

Jesús glorificó a Dios porque hizo su voluntad. Todo lo que hacemos sin tomar en cuenta la voluntad de Dios equivale a no haberlo hecho, equivale a lo que la palabra llama obras muertas.

Juan 15

  4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

   5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

Muchos nos hemos preguntado, si tanto Abel como Caín trajeron ofrenda ante Dios, porque entonces solo Abel y su ofrenda fueron de su agrado. 

Génesis 4

   3 Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová.

   4 Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;

   5 pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.

La Palabra dice que Caín trajo del fruto de la tierra, una ofrenda.  En cambio, de la ofrenda de Abel, dice que fue de los primogénitos de sus ovejas y de lo más gordo de ellas. Por lo tanto, Abel a diferencia de Caín no solo trajo una ofrenda, Abel trajo la mejor ofrenda. Pero Dios no solo vio la ofrenda, Dios vio el utensilio que la traía, Él vio el corazón.  Caín no agradó a Dios, porque seguramente Dios al ver los motivos de su corazón encontró iniquidad; por lo contrario, Dios debe haber encontrado en Abel un corazón limpio, sometido a su voluntad.  

Jeremías 17

  10 Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.

Dios nos limpia para que llevemos buen fruto, para que haciendo el bien venzamos el mal. Si nos ocupamos en honrar a nuestro Padre haciendo el bien, el pecado se alejará de nuestra vida. Me gusta mucho lo que Dios le dice a Caín en Génesis 4: “si no hicieres bien, el pecado está a la puerta.” Bien dice el dicho: “mente desocupada, taller de Satanás.” En otras palabras, si no estamos ocupados haciendo lo bueno, estamos propensos a empezar a hacer lo malo.

Génesis 4

  6 Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?

  7 Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él. 

Al darse cuenta Caín que su esfuerzo no había dado buen fruto ante Dios, su semblante decayó.  A veces andamos decaídos simplemente porque no estamos siendo productivos, porque nos esforzamos y no vemos el fruto de aquello para lo cual trabajamos. Nuestro semblante decae cuando nos afanamos por lo temporal, olvidándonos así de lo que es eterno.  

Mateo 6

  31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?

  32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

  33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Si con corazones limpios hacemos el bien nuestro semblante no decaerá, al contrario dice la palabra que seremos enaltecidos. Si permites que Dios te limpie podrás traer a Dios tu mejor ofrenda; porque dejarás de hacer lo que te agrada, para hacer lo que le agrada a Él. 

Mateo 5

 15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.

 16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos

El consejo de Dios para Caín fue: “Haz el bien y enseñoréate del pecado” porque hacer el bien es arma poderosa en contra del mal. Sin embargo, Caín no escuchó a Dios; mas bien entregó su corazón y sus manos al pecado para hacer iniquidad.

Génesis 4

  8 Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.

Pienso que todos hemos sido usados más de alguna vez por el enemigo como instrumentos de maldad.  Cuando nos arrepentimos recibimos redención a través de la sangre de Jesucristo, que nos limpia de toda iniquidad para que haciendo la voluntad de Dios sometamos el pecado.

Malaquías 3

  2 ¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores.

  3 Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia.

  4 Y será grata a Jehová la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, y como en los años antiguos.

Como los Farieseos y los Escribas, Caín se esforzó para traer ofrenda a Jehová, pero sus obras no fueron aprobadas por Dios. 

1 Corintios 3

  13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.

  14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.

  15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.

Sería lamentable haber trabajado toda una vida y no haber dado buen fruto, fruto que sea apetecible a Dios.

Eclesiastes 2

 11 Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.

Para que le puedas decir “…Venga mi amado a su huerto,Y coma de su dulce fruta (Cantares 4:16).” entrégale al Señor tu mejor ofrenda: tu mente y tu corazón para hacer justicia  (Romanos 6:13-14). Dile como le dijo David: “Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve (Salmos 51:7).  Y una vez limpio “no te niegues a hacer el bien a quien es debido, Cuando tuvieres poder para hacerlo (Proverbios 3:27).”  para su honra.

Isaías 1

  16 Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo;

  17 aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda.

  18 Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.

 

Reina Valera 1960

Deuteronomio 15

   11 Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra.

Seamos abundantes en todo tiempo, ya que siempre hay algo que compartir con aquel que está más necesitado que nosotros.  No digas que no tienes que dar ni que cuando tengas suficiente repartirás.  Recuerda que la verdadera prosperidad llegó a la casa de la viuda cuando en obediencia a Dios, hizo a Elías un pedazo de pan con la última ración de aceite y de harina.  Fue por la abundancia de su corazón que Dios la bendijo y que la harina y el aceite fueron multiplicados y no escasearon.  

1 Reyes 17

    15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días.

    16 Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.

Cuando Dios le pide a la viuda que sustente al profeta Elías, ella estaba pasando por un tiempo de escasez.  Es más, era lo último que comerían antes de dejarse morir.  Lo que nos dice que no solo debemos compartir en tiempo de abundancia.  Cuando Dios le pide a la viuda que abra su mano y que deje ir lo último, es porque quiere traer la verdadera prosperidad a su casa.  Siempre que Dios nos pide algo es porque nos quiere bendecir. 

Tomemos en cuenta que no es tan difícil dar lo primero como dar lo último. 

Marcos 12

    41 Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho.

    42 Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante.

    43 Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca;

    44 porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.

Por ello dice la palabra: “sobre poco haz sido fiel, sobre mucho te pondré” (Mateo 25:21).  Dios nos prueba en lo poco porque si podemos ser abundantes en lo poco, sin duda alguna, lo seremos en lo mucho.  Lo que Dios mide para bendecirte es la capacidad de tu corazón.  Entre más das, más grande es, y mayor será la bendición que recibirás.  Pues no puedes llenar con un litro de amor un corazón que solo tiene la capacidad o el lugar para una onza de este.

Lucas 6

  38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.

De la misma forma que un corazón cerrado no puede recibir amor, una mano cerrada no recibirá la provisión material que Dios le quiere dar.  Pienso que Dios nos pide las primicias, porque el quiere mantener nuestro corazón y nuestras manos abiertas para que recibamos constantemente la provición que viene de él.  La prosperidad no se mide entonces por lo que tienes guardado, sino por la capacidad que tienes para dar.  

Proverbios 11

 24 Hay quienes reparten, y les es añadido más;
    Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza.

 25 El alma generosa será prosperada;
    Y el que saciare, él también será saciado.
 

Confía en él y entrégale lo que te pide aunque lo que tengas sea poco.  Ya verás que así como en Lucas 9 Jesús bendijo cinco panes y dos pescados y los multiplicó y comieron cinco mil personas y aun sobró, él multiplicará lo poco que le des, y con ello te alimentará a ti y a los miles. 

Cuando compartimos en obediencia a Dios no lo estamos regalando, se lo estamos prestando a Dios y él nos lo devolverá multiplicado.  Como devolvió el harina y el aceite a la viuda y a Abraham el hijo que este estuvo dispuesto a entregarle más toda una descendencia, haciendolo así padre de multitudes.

Proverbios 19

 17 A Jehová presta el que da al pobre,
    Y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.

Toma en cuenta que cada vez que le ayudas a un pobre estás ayudando al mismo Jesús. 

Mateo 25

    34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

    35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis;

    36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.

    37 Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?

    38 ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?

    39 ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?

    40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.

Cuando ayudamos al pobre, honramos a nuestro Padre Celestial (Proverbios 14:31). Dios no se queda con nada, si le honras el te honrará con:

Vida

Salmos 41

   1 Bienaventurado el que piensa en el pobre; En el día malo lo librará Jehová.

   2 Jehová lo guardará, y le dará vida;
    Será bienaventurado en la tierra,
    Y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos.

Salud

Isaías 58

    10 y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía.

    11 Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan.

y Prosperidad 

Proverbios 28

 27 El que da al pobre no tendrá pobreza;...

Reina Valera 1960

La Biblia es un manual sobre como plantar un jardín. Nos da las medidas para ese jardín, nos da los métodos a emplear, nos especifica que tipo de semilla debemos usar y hasta nos habla de las estaciones y el tiempo en que debemos hacerlo. La Biblia nos indica como sembrar un jardín que produce frutos del cual podemos cosechar nuestro sustento y hasta alimentar a otros mientras siembran el suyo propio. Ese jardín se llama Edén.

Génesis 1

    28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, …

Cuando Dios les da la orden de que fructifiquen Dios estaba poniendo en marcha su plan para bendecir a toda la humanidad. El había puesto en ellos la capacidad de hacer en otros lo que él había hecho en ellos durante los siete días de la creación. Adán y Eva tenían la capacidad de poder multiplicarse y llevar con su testimonio el Edén a todas partes. 

Génesis 1

    11 Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.

    12 Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno.

Cuando Dios creó las plantas y los árboles especificó que debían ser plantas y árboles que diesen fruto y cuyo fruto tuviese semilla. Los árboles y las plantas se reproducen en ciclos. Se siembra la semilla, brota una pequeña planta, esta crece, da fruto y de su fruto obtenemos nuevamente una semilla para poder volver a sembrar. En el día quinto Dios puso sobre la tierra todo tipo de buena planta y de buen árbol que daba semilla. Dios llenó a Adán y a Eva de cualidades que ellos debían propagar por el mundo entero con el fin de expandir los límites del Edén. Todo lo que Dios puso en ellos producía frutos y en aquellos frutos había semilla. La expansión del Edén debía ser un proceso sumamente natural. Era una expansión por testimonio. Cuando una cualidad en nosotros da fruto alguien tendrá la bendición de alimentarse de el. Y como dicen por allí: “Barriga llena, corazón contento.”, al haber nosotros saciado el hambre o la necesidad de otra persona por consecuencia la persona tendrá gozo en su corazón lo que ocasionará una apertura única para que la semilla del fruto que comió se siembre en su corazón y así se multiplique aquella cualidad. 

Satanás es un astuto imitador que se adueñó de este método sencillo de multiplicar el reino de los cielos y lo ha estado usando para su propio gobierno corrupto. Cuando la serpiente tentó a Eva, no la tentó con el fruto de un árbol, sino que la tentó con el fruto de su desobediencia en el cielo el cual Dios había representado con el fruto del árbol prohibido. Cuando Eva mordió aquella fruta probó por primera vez la desobediencia que fue la respuesta de la serpiente al hambre que Eva tenía de ser como Dios. Sería muy difícil para alguien tentarnos con comida si estamos llenos y saciados, pero le es fácil si nos encuentra vacíos y con hambre. 

Santiago 1

    14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.

Es probable que Satanás esperó a que un día Eva no se saciará de todo lo bueno que Dios les había entregado, y la sorprendió estando vacía. Eva atendió aquella nueva voz, la voz de la astucia, porque los frutos de aquel jardín dejaron de ser suficientes para ella, un día ella quiso mas. Y antes de que ella pudiera hablar con su creador y pedirle un nuevo acercamiento o confesarle como se sentía, Satanás interceptó aquella insatisfacción con su fruto de desobediencia. Adán estaba pasando por lo mismo. El pudo haber corregido a su mujer y haber dado fruto de obediencia pero el también tenía hambre de algo nuevo y tampoco lo buscó en su creador sino que participó en la multiplicación de la desobediencia probando el mismo fruto. 

La Biblia está llena de los frutos de Jesús desde su principio, hasta su fin, y debemos saciarnos con ellos. Cada vez que sus palabras llegan a nuestros oídos estamos siendo expuestos a la posibilidad de que obtengamos la semilla que está sembrada en su propio corazón. Cuando leemos, en ocasiones encontramos que hay versículos que son dulces como la miel, y en otras algunos que son amargos al paladar. Si le encontramos sabor a sus palabras es porque estas son el fruto de sus labios, y si las memorizamos y estudiamos las estamos masticando, si llegamos a tragarnos sus palabras ten por seguro que la semilla de ese fruto se sembrará en nuestro corazón y así se multiplicará. Cada vez que damos fruto a través de nuestra conducta estamos permitiendo que otros coman de los frutos que hay en la Biblia y así provocamos que otros corazones se abran a la semilla que Jesús sembró en nosotros. Satanás alimentó a muchos con el fruto de su desobediencia pero Jesús nos a libertado con la cosecha de su perfecta obediencia. 

1 Corintios 15

    36 … lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes.

Cada vez que tu obedeces estás muriendo a algo en ti y aquello está siendo vivificado para que puedas dar fruto en esa área. Como semillas que somos si no morimos no damos frutos, no damos indicio de vida y no podemos saciar a otros ni multiplicarnos. Cuando Eva fue tentada ella tuvo ante si la opción de obedecer y morir a si misma para dar fruto de obediencia y vida o aferrarse a su yo y dar fruto de desobediencia y muerte. Todos nos hemos encontrado en esa posición y todos hemos fallado al igual que Eva y hemos dado fruto de muerte mas de una vez. Cuando Jesús fue sepultado, fue sepultado en un jardín lo que no es ninguna casualidad. Dios estaba sembrando la primera semilla dentro del Edén para así poder restaurarlo. Dios le dio a su Hijo el mismo libre albedrío que a nosotros ya que sería así que el fruto de su semilla vendría a ser el antídoto a la desobediencia que Satanás nos ha dado a probar. Jesús, al igual que Dios lo había hecho con Adán y Eva, les dio la orden a sus discípulos de ir y multiplicarse y de llenar el mundo ya que si no lo hacían el territorio que Jesús había conquistado y convertido en jardín se vería rodeado de maleza la cual sería una constantemente amenaza. Al igual que una semilla que ha germinado está en constante cambio y crecimiento así debe ser el Edén en nosotros. Debemos expandirlo en toda dirección y multiplicarlo en todos los que nos rodean. Lo que Dios hace en nosotros debe estar en constante crecimiento y debemos multiplicarlo.

Eclesiastés 11

4 El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará.

Dice la palabra que al que busca el reino de Dios y su justicia todas las cosas les serán añadidas. Los discípulos dedicaron sus vida a buscar el reino de Dios y nunca les hizo falta nada. ¿Por qué? Porque sembraron no en las tierras del mundo sino en las tierras del Edén, en las mismas tierras donde fue sembrado el cuerpo de Jesús. Eclesiastés nos dice que si observamos el viento no sembraremos. El viento viene y va y los que están a la deriva en el mundo y dependen de lo que el viento traiga no invierten tiempo en sembrar en las cosas de Dios. Dice que el que mira las nubes no segará porque muchos esperan a ver para creer y luego actuar. Muchos esperan a poder ver que habrá lluvia para luego sembrar, pero en el reino de Dios si tu siembras puedes estar seguro de que Dios regará y obtendrás tu cosecha de ciento por uno. 

Quiero hacer énfasis en una cosecha espiritual y personal mas que en una terrenal. En muchas ocasiones he sentido vacíos y necesidades dentro de mi como probablemente los sintió Eva en aquel día en el que fue tentada. Mi primera reacción ha sido buscar en alguien o algo aquello que anhelo o que me hace falta, pero ha sido allí donde he dado lugar a que el enemigo me ponga a prueba y me ofrezca una variedad de sus frutos de desobediencia. Casi que ha error y prueba he aprendido a no buscar en ningún otro lugar mas que en Dios quien nunca me ha dejado necesitada. En cada ocasión él me ha provisto de la respuesta a mis inquietudes y lo ha hecho a manera de frutos y semillas. Cuando he necesitado amor él se ha encargado de traer a mi vida a alguien quien lleva fruto de amor, y al yo alimentarme de aquel fruto he recibido la semilla del amor y ahora puedo compartir ese mismo fruto con otros. Cuando he necesitado ser guiada nunca me ha dejado sin alguien que lleve los frutos de su sabiduría en su corazón. Y ha sido el testimonio de aquellos enviados a mi vida lo que ha logrado que mi corazón reciba la semilla de Dios. Estas personas han multiplicado todo lo bueno que Dios les ha dado para comer y han expandido el Edén a una persona mas, a una familia mas, a un vecindario mas. Así como a Adán y a Eva todo les fue dado así te será dado a ti también si lo pides. Eso si, no pidas un jardín ya con frutos, Dios te alimentará del jardín de otros mientras tu aprendes a cultivar el tuyo. Si Dios se encargó de que tu tuvieras el tiempo para leer este estudio es porque él te está trabajando para poder ponerte por administrador del Edén y quiere que aprendas a sembrar para que tu cosecha nunca escasee y puedas hacerlo crecer.

No tienes que aparecer en televisión para alcanzar el reino de Dios, basta con darle a probar a tus hijos y a tu esposo o a quien esté cerca de ti los frutos de lo que Dios ha hecho en ti para comenzar a sembrar tu propio jardín. Recuerda que si vives viendo a las nubes esperando haber que te trae la vida no estás sembrando y si no estás sembrando no podrás saciar tus necesidades con una cosecha. Si quieres obediencia de tus hijos, dales a probar tu obediencia dándoles testimonio todos los días siendo tu un hijo fiel de tu Padre para que luego puedas sembrar la semilla de ese fruto. Si quieres un ambiente de trabajo agradable, dales palabras agradables todos los días a los que contigo trabajan y así sus corazones estarán dispuestos a escuchar mas de lo que tu les puedes enseñar y en ellos sembrar. Si tu no das primero el fruto no tendrás semillas que sembrar. 

El jardín del Edén como todo jardín debe ser sembrado, trabajado y cuidado. Con la Biblia como guía tu puedes convertir todo lo que te rodea en un hermoso jardín. Tu puedes escoger la variedad de frutos en los que te quieres deleitar. Comienza a ser jardín tu para que otros coman y luego con tu semilla se multiplique en ellos.    

Proverbios 18

    24 El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo;

    Y amigo hay más unido que un hermano.

Escrito está que hay mejor un amigo que un hermano. Cuanta verdad hay en esto. Cuando Jesús estuvo en la tierra se dedicó a hacer buenos amigos. Amigos que lo siguieron no por compromiso  sino por lealtad. El tipo de lealtad que sólo un buen amigo se gana. Y aun cuando nosotros fallamos esos amigos saben tendernos la mano y decirnos: “puedes seguir siendo mi amigo”.

Les quiero compartir un poco sobre como conocí a mi mejor amiga: 

Hace ocho años llegué a un continente nuevo, que amparaba una cultura nueva y representaba una etapa nueva para mi. Para recibirme allí Dios había preparado un corazón grande y dispuesto a comenzar una nueva amistad. Una mujer que deseaba a su creador con todas sus fuerzas y lo buscaba con todo su ser. Por algún tiempo me propuse no perderla de vista ya que era interesante la senda que ella abría. Luego me comprometí a ir un paso detrás de ella para así poder también escuchar la voz que la guiaba. Muchas veces hasta corrí y me adelanté para poder ver que era lo que ella perseguía. Mas no me tomó mucho tiempo reconocer que por su entendimiento y sabiduría era yo la que seguirla debía.

¡Que aventura! ¡Que misterios! ¡Que profundidad! los que ella descubría. ¡Todo lo que no hubiera visto si ella no hubiera sido mi guía! 

¡Que amistad la que crecía! Pero ella pronto partía, como todo verdadero amigo ella también iba y venía. 

Un fuerte viento sus alas alzó y sobre una corriente y otra a un continente distante ella voló. ¿Haló?…. ¡Haló!….. Contame ¿Qué fue lo que pasó? Entre una llamada y otra ella me conquistó. Quise ser fiel como la mejor de las amigas, pero muchas veces fue apenas como “buena” hermana que me comporté. Tan buena amiga es que siempre con su amor a podido cubrir las muchas faltas que en mi han habido desde mi niñez.

Cuando menos lo esperé se levantó del extremo lejano de la tierra aquel viento que hace volar a las águilas, que hace que los verdaderos amigos vayan y vengan. 

¡Que sorpresa! ¡Que regalo! ¡Puedo verla!, resplandece. ¡Puedo olerla!, fragante es. ¡Puedo abrazarla!, y no quiero soltarla, ustedes ya saben como es.

Me la he comido, me la he bebido, es enseñanza, es testimonio, es amor puro e inspiración. Es una batería de la cual se alimenta mi canción.

Es así que aprendí que los verdaderos amigos vienen y van, por lo que esta vez que el viento sopló pregunté: “¿Porqué los verdaderos amigo vienen y van?” Y una voz quieta y firme me explicó como el verdadero amigo es aquel que en medio del desierto sacia tu sed dejándote beber de su propio ser. Como el verdadero amigo en realidad no viene y va pues es manantial fijo en medio de la sequedad. Esa es la manera en que te demuestra su lealtad nunca moviéndose de donde está. Es por eso que siempre sabes como llegar a ese oasis que vida te da. En un mundo de grandes dunas y mares infinitos de personas el verdadero amigo siempre se deja encontrar. Aunque tu camines  en una y otra dirección con el verdadero amigo siempre podrás contar. 

Y después de esta ilustración entendí que Wendy no se va, ella es manantial fijo y siempre lo será. Es la voz que nos ha llevado y traído la que me lleva a mi a un distinto lugar. Es extenso el desierto y mi camino largo será pero se que entre el ¿Haló? y el ¡Haló! …. Contame ¿Qué fue lo que pasó?, la frescura de su ser volverá a confirmar que esta amistad no hay distancia que la pueda secar.

Volviendo a la vida de Jesús en esta tierra, él vino y se hizo amigo de doce, con los cuales compartió todo lo que él tenía para dar incluyendo su vida. Cuando Dios nos da un nuevo propósito para llevar a cabo estamos naciendo y debemos crecer y prepararnos para llevar acabo aquello que se nos ha encomendado como lo hizo Jesús. Si prestamos atención Jesús no fue enviado con el propósito de hacer amigos, sino con el propósito de sembrar algo nuevo en la tierra: su cuerpo. Jesús le enseñó a sus amigos sobre su Padre, sobre su reino y sobre sus mandamientos y cuando hubo hecho esto se entregó a sí mismo para ser la primera semilla sembrada que daría lugar a una nueva cosecha, a algo nunca antes visto sobre esta tierra. Una nueva cosecha para el reino de los cielos. Jesús fue una señal de las cosas buenas por venir. Jesús no se fue si antes hacerles una promesa, la promesa de que él enviaría a un consolador. Sus amigos perdieron a un amigo pero recibieron a un consolador. Jesús les enseñó sobre el reino de los cielos pero fue el Espíritu Santo quien los introdujo a el. Un consolador es aquel que alivia tus penas o tu dolor. Si tienes penas y dolor necesitas al Espíritu Santo para que te introduzca en ese reino al que Jesús te otorgó derecho de entrar. Todo lo que Jesús hizo y habló en la tierra señala a que cosas buenas están por suceder, cosas divinas, celestiales, espirituales. Jesús se hizo hombre para quitar nuestra atención de lo lógico y ayudarnos a creer en lo espiritual. Luego de su muerte bastó con el Espíritu Santo para que el reino de los cielos se comenzara a manifestar en las vidas de muchos.

Amadas hermanas, todas sabemos que Wendy vino a EEUU a hablarnos del reino de los cielos y a dar testimonio de ello. Cuando llegó estaba recién nacida en este proyecto de Dios, pero todas la hemos visto crecer y madurar. Ella vino a darnos esperanza y a mostrarnos un mejor camino. Cuando Jesús fue crucificado, él murió por tres días, cuando Wendy supo que Dios la llevaba a otro país lloró por tres días (la verdad no se con certeza, tal vez fueron mas). En obediencia ella se ha dejado sembrar por su creador como la primera semilla que debe morir para que en el reino del los cielos halla una nueva cosecha. No es cosa fácil. No es cosa poca, es grande lo que una semilla puede comenzar. 

Al igual que cuando Jesús volvió a su Padre en el cielo y el Espíritu Santo fue derramado sobre los que eran sus amigos, así en la ausencia de Wendy el Espíritu Santo se derramará sobre nosotras como nunca antes y se manifestará en gran manera sobre sus vidas y las introducirá personalmente al reino de los cielos. Porque ella vino a preparar las vasijas para que puedan ser llenas al igual que Jesús lo había hecho con sus amigos. Dios tiene cosas buenas para las cuales nos ha estado preparando. Gocémonos hoy y demos gracias por su misericordia ya que envió a la persona idónea para el trabajo de darnos forma. La hemos visto crecer, madurar y sin duda alguna Dios ya la quiere saborear para luego su semilla sembrar. Anhelemos esta nueva etapa en la que cada día su Espíritu nos traerá nuevas sorpresas. Aguardemos esa nueva cosecha que Wendy esta apenas sembrando con gozo. Es un verdadero honor ser semilla del mismo racimo que esta mujer de Dios. Gracias Señor, porque me has honrado.   

Viste el vacío y con el anhelo de tu corazón lo rodeaste.

Afirmaste tus pies en lo alto y desde la cima tu amor confesaste.

Bajo tu inmensidad quedaron las tinieblas y sobre ti la expansión.

Inhalaste lo que no existía y te llenaste de inspiración.

Tomaste tus pensamientos y a manera de bóveda los moldeaste, y con tu lápiz de luz escribiste las notas de aquella composición.  

Abriste tu boca, ¡oh cuan admirable el poder de tu boca!, y cantaste de una a una las notas de aquella canción.

Entonaste, ¡oh Dios! del universo la sinfonía, con tu voz que es orquesta y tu espíritu que es alegría.

Diste forma a lo que sin ti nunca sería y sacaste propósito de lo que de el carecía.

Alzaste tu voz a manera de cincel y esculpiste con tu amor los montes y los valles.

A las olas diste el ritmo y al viento la melodía.

A los relámpagos diste voz de estruendo y a los ríos enseñaste a tararear en armonía. 

Bajo los cascos del caballo escondiste la percusión que nos conquista y nos impulsa a andar cada día. 

Como sabio sembrador supiste lo que cada semilla valía, escogiste cada palabra que en tu lírica habría. 

Con tu parpadear como platillos sellaste por siete días la obra que de tu corazón salía.

¡Oh mi Dios! Tu no hablaste, tu cantaste, porque la tierra entera no es mas que de tu amor la melodía. 

Una declaración de amor, una serenata para tu amada que fue escrita en poesía.

¡Oh mi Dios! Que sorpresa la mía, cuando me detuve a escuchar y descubrí que nunca dejaste de cantar.

Es tiempo de abrir los ojos y vivir. Es tiempo de conocer la verdad. Ya no mas estamos en el vientre de Dios, hemos sido dados a luz, para resplandecer, para brillar y dar a conocer su amor. Ven vamos a cantar. Vamos a predicar que su amor está dentro de nuestro corazón como nunca antes. El no ha dejado de amarnos y jamás lo hará. Nos ha puesto en el mundo porque es allí que él hará en nosotros la obra de reedificar, de levantar los muros que otro destruyó, él hará en ti y en mi lo que con nuestro esfuerzo no hemos podido. Dejémonos amamantar, dejémonos arrullar, dejémonos guiar por su luz y su verdad. Es tiempo de cantar. Es tiempo de predicar a las naciones su amor. Ven vamos a adorar. Vamos a publicar su nombre que es sobre todo nombre, que da vida y que libera al oprimido y que disipa las tinieblas de los corazones de sus hijos. Es tiempo de resplandecer. Es tiempo de brillar. Es tiempo de dar luz a quienes la necesitan. Hemos sido puestos por faros en las tinieblas. Hemos sido escogidos para guiar a las naciones. Hemos sido apartados para heredar su reino. Ven vamos a despertar con el canto de nuestra boca a los que su venida desconocen. Ven vamos a allanar con su palabra el camino de los que después vendrán. Es tiempo de brillar y la senda marcar con antorchas que no se apagan en medio de la tempestad. Con manos esforzadas alcemos los muros de aquella gran ciudad donde a su amada iglesia él guardará. Busquemos sus alas y debajo de ellas habitemos. Busquemos su rostro y en su presencia moremos.