En el libro de Daniel capítulo 3 encontramos la historia de tres jóvenes judíos que nos enseñan a ver la afrenta del enemigo como la oportunidad de poner el nombre de nuestro Dios en alto y a la vez poder llegar mas cerca del propósito que Dios tiene para nuestras vidas. Este capítulo relata que el rey Nabucodonosor hizo una estatua grande en tamaño y de oro, la cual ubicó en la provincia de Babilonia. Este rey demandaba de todo el pueblo que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, todos debían postrarse y adorar la estatua de oro que el había levantado. De no ser así el que no se inclinara y adorara sería echado al fuego por lo que todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro.
Daniel 3
8 Por esto en aquel tiempo algunos varones caldeos vinieron y acusaron maliciosamente a los judíos.
9 Hablaron y dijeron al rey Nabucodonosor: Rey, para siempre vive.
10 Tú, oh rey, has dado una ley que todo hombre, al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, se postre y adore la estatua de oro;
11 y el que no se postre y adore, sea echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
12 Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos varones, oh rey, no te han respetado; no adoran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has levantado.
Cuando somos creyentes y lo confesamos los ojos del mundo siempre nos estarán escudriñando para encontrar fayas en nosotros y no perder la ocasión de señalarnos y acusarnos y así atemorizarnos y hacernos dudar de nuestro Dios. Estos tres jóvenes no estuvieron exentos a esto pero supieron como hijos de un Dios fiel, responder con fe y de una vez establecer con sus bocas la victoria que Dios les daría sobre aquella situación.
13 Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Al instante fueron traídos estos varones delante del rey.
14 Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado?
15 Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?
16 Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto.
17 He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.
18 Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.
¡Wow! Estos jóvenes verdaderamente conocían la fidelidad de Dios por lo que no temieron en ningún momento y no dudaron en declarar su capacidad de librarlos. Recordemos que Sadrac, Mesac y Abed-nego habían caído prisioneros de Babilonia cuando Nabucodonosor tomó Jerusalén y ellos decidieron junto con Daniel no contaminarse con la comida del rey, sino que pidieron ser alimentados sólo con legumbres y agua. Fue así que agradaron a Dios y él los llenó de gracia y sabiduría y a pesar de ser esclavos Dios los llevó a ser administradores del rey en Babilonia. Ellos ya habían vivido en carne propia el poder de Dios para convertir lo que parece ser una maldición en bendición.
19 Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado.
20 Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen a Sadrac, Mesac y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo.
21 Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, sus calzas, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo.
22 Y como la orden del rey era apremiante, y lo habían calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego.
Dios es un Dios de propósitos y siempre tiene el control de todo. Lo que el dispuso para ti desde la fundación del universo nadie te lo podrá quitar. El camino que tu has recorrido te ha preparado de una manera única en medio de un mar de personas que vivimos en esta tierra. Las hornos que Dios permite en tu vida, son los que tu puedes soportar, porque a lo largo de los años él te ha ido dando la forma y la resistencia necesaria. Estos tres jóvenes habían sido preparados para soportar un horno calentado siete veces y la recompensa ya estaba dispuesta para ellos. Los que alzaron a estos judíos murieron con solo acercarse. Dios te está preparando para ir donde otros no pueden.
23 Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo.
24 Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey.
25 Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses.
Sadrac, Mesac y Abed-nego habían declarado con sus bocas quien era su Dios, pero no fue sino hasta que ellos entregaron sus cuerpos y sus vidas que los demás pudieron ver quien era su Dios. Es posible que has predicado, que has evangelizado y te has esforzado por dar a conocer a tu Dios, pero al igual que Jesús lo hizo, es tu testimonio lo que confirmará tus palabras ante los que te han escuchado hablar de tu Dios. Fue en medio del fuego que el rey pudo ver a un cuarto ser, con semejanza de hijo de los dioses. ¿Quien mas que Jesús fue lo que Nabucodonosor pudo ver en aquel horno? Cuando tu entras a la prueba con tu fe puesta en Dios, Jesús saldrá a relucir en ti y será entonces que tu testimonio ganará a otros. Pero muchos cristianos cuando estamos en la prueba el testimonio que damos es de temor, de orfandad y de viudez, no de Jesús. Somos metidos al fuego para que demos a conocer lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. Ante la fidelidad de estos tres judíos Dios pudo haberlos raptado o enviado a su ángel a defenderlos y que nadie los pudiera apresar pero dios quería que ellos dieran testimonio para dar a conocer el poder de el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego.
Además cuando estos jóvenes cayeron en el horno estaban atados, lo único que se quemó en el fuego fueron sus ataduras. El fuego de Dios quemará todo aquello que te inmoviliza, todo lo que el enemigo ha hecho a través de otros para no permitirte llegar o alcanzar lo que Dios tiene para ti. Pero tu y todo lo que Dios ha puesto en ti saldrá intacto para proceder a llevar a cabo sus propósitos. Dios, aun siendo ellos esclavos, les dio posiciones honrosas en Babilonia. Dice la palabra que fueron atados con todo y sus ropas, ropas de dignidad que Dios les había dado y estas no se quemaron en el fuego.
26 Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego.
27 Y se juntaron los sátrapas, los gobernadores, los capitanes y los consejeros del rey, para mirar a estos varones, cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían.
28 Entonces Nabucodonosor dijo: Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios.
29 Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste.
30 Entonces el rey engrandeció a Sadrac, Mesac y Abed-nego en la provincia de Babilonia.
La palabra de Dios moldea, da forma y le da el acabado a la vasija. Luego esta es probada en el fuego y allí mismo cocida. No hay recompensa sin haber sido probado, no se adquiere resistencia sin ser metido al fuego. Si Dios te ha estado trabajando con su palabra y esa semilla se ha sembrado en tu corazón y tu has sido obediente al acatar sus leyes y mandamientos, entonces es probable que Dios te quiera llevar a un nivel mas alto. Pero no podemos ir de un nivel al otro sin antes haber aprobado el examen del primer nivel. Este examen muchas veces se presenta en forma de fuego como se presentó Dios ante Israel sobre aquella montaña en el desierto y sólo hubo un hombre capaz de soportarlo. Veamos lo que sucedió según lo relata Moisés:
Deuteronomio 9
9 Cuando yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que Jehová hizo con vosotros, estuve entonces en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua;
10 y me dio Jehová las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas estaba escrito según todas las palabras que os habló Jehová en el monte, de en medio del fuego, el día de la asamblea.
11 Sucedió al fin de los cuarenta días y cuarenta noches, que Jehová me dio las dos tablas de piedra, las tablas del pacto.
Dios había hablado al pueblo de Israel desde la montaña y le había dado a conocer sus leyes y sus mandamientos. Pero no fue sino hasta que Moisés subió a la montaña que Dios escribió con su dedo las tablas. Cuando leemos la Biblia estamos escuchando las leyes y los mandamientos de Dios, cuando el nos mete a su prueba, es decir a su fuego, es que él con su dedo escribe aquellas leyes en nuestra mente y en nuestro corazón como las escribió en aquellas tablas que le dio a Moisés.
Notemos que el pueblo de Israel ya había escuchado los mandamientos el día de la asamblea, pero fue hasta que Moisés entró en aquel fuego y estuvo allí cuarenta días y cuarenta noches que Dios confirmó su pacto a través de aquellas tablas. Fue al final de aquel tiempo que Moisés estuvo en medio del fuego de Dios que el obtuvo el pacto en sus manos.
Moisés pasó por una prueba de cuarenta días y cuarenta noches durante los cuales Dios escribió sus leyes en su corazón. El pueblo de Israel no quiso entrar en aquel fuego por temor a morir, por lo que con su conducta confirman que en sus corazones no estaban escritas aquellas leyes como lo estaban en el de Moisés. Sadrac, Mesac y Abed-nego no tuvieron miedo del fuego ya que confiaban plenamente en su Dios.
Jeremías nos enseña que somos barro en su mano y que es el quien nos forma:
Jeremías 18
1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo:
2 Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras.
3 Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda.
4 Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.
5 Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
6 ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.
Su palabra y las experiencias que vivimos es lo que Dios usa para darnos forma y definir nuestra personalidad en el torno, pero al igual que el barro, si no somos pasados por el fuego esa forma a la que Dios nos ha moldeado no será permanente. Podemos leer sus mandamientos, memorizarlos y hasta predicarlos pero si no hemos pasado por la prueba, si el fuego de Dios no nos ha solidificado, fácilmente podemos desviarnos de sus veredas.
Sadrac, Mesac y Abed-nego habían aprendido junto con Daniel los mandamientos de Dios, pero ahora era tiempo de que ellos como vasijas ya formadas a través de aquellas enseñanzas fueran cocidos en el fuego de la prueba para poder ser utilizados para propósitos mas grandes. Antes del horno calentado siete veces estaban a cargo de los negocios de la provincia de Babilonia, después de la prueba fueron engrandecidos en la misma provincia y obtuvieron un decreto del rey a favor de su Dios quien los había librado del fuego.
Dios no es un Dios estático, Dios es un Dios de superación, de mejora, de incremento que siempre está habilitando nuevas oportunidades para sus hijos. No es la voluntad de Dios que hayas llegado ya al final de tu carrera, o que hayas hecho ya suficiente, en Dios cada día es el primer día de algo nuevo. Dios te quiere llevar mas alto, Dios te quiere dar mas, Dios te quiere preparar para darte tu porción en su reino, pero depende de ti inclinarte ante un Dios inmóvil y mudo que no avanza como lo hizo toda Babilonia o ser echado al fuego de su amor donde serás acabado pera esa nueva etapa que Dios trae a tu vida.
Dios saca provecho de todo, incluyendo de tus enemigos. Si alguien te acusa o te delata, da gloria a Dios, porque estás a punto de ir de un nivel al otro. Claro que el cumplimiento de esto depende de tu reacción a la acusación. ¿Te defenderás y tratarás de evitar el fuego o permitirás que Dios se glorifique en tu vida confiándole hasta tu cuerpo como lo hicieron Sadrac, Mesac y Abed-nego? Muchos de nosotros escogemos hacer lo correcto ante los ojos de Dios pero al encontrarnos con el horno de fuego al frente nos echamos para atrás y nunca llegamos a ese próximo nivel donde podemos llegar a dar testimonio de que el fuego de Dios puede transformar tu desavenencia en justo lo que necesitabas y sacar de ella el testimonio que ganará a otros para Cristo. Ese horno no fue calentado para asustar a estos tres siervos de Dios, fue calentado para demostrar que sólo los siervos de Dios podían sobrevivirlo. Que las Vasijas hechas por la mano de Dios no se quiebran con el fuego. Ese horno no era la forma en que la vida de estos hombres iba a terminar, era la manera de Dios de darle un comienzo espectacular al resto de sus vidas. Cada vez que te topes con algo que te dice hasta aquí, regocíjate y declara que ese obstáculo no está allí para detenerte, sino que para impulsarte como aquel horno lo hizo con Sadrac, Mesac y Abed-nego.
Reina Valera 1960